martes, 30 de abril de 2013

“DON PANCHO”. Autor desconocido.







Mas criollo que mate amargo
es Don “Pancho” el nuevo Papa,
un criollo que se destaca
por su tranquear por el fango,
no hace abuso de su rango
y actúa con humildad,
siempre va con la verdad
predicando con guapeza,
que hay que mirar con nobleza
al que vive en orfandad.

Gaucho lindo de mi suelo
hoy el mundo te venera,
y mi tierra gaucha espera
poder levantar su vuelo,
yo veo aclararse el cielo
por la luz de un nuevo día,
que unirá a la Patria mía
sin agravios ni rencores,
manteniendo los valores
que nos sobran a porfía.

Si Dios nos mando este lazo
habrá que saber tirarlo,
de nada vale colgarlo
y seguir en el fracaso,
Don “Pancho” será el abrazo
que unirá a los argentinos,
siempre que el mismo camino
caminemos como hermanos,
y apretemos nuestras manos
sellando un nuevo destino.

Unidos en Cristo Jesús y en María Santísima, oremos por el fructífero pontificado de S.S. el Papa Francisco, por Su Eminencia Reverendísima, Mons Mario Poli Arzobispo de Buenos Aires, y por el Padre General de la Compañía de Jesús Adolfo Nicolás S.J.

S.E. el Señor Gobernador General de La Orden de San Ignacio de Loyola,Presidente del Instituto Nacional Newberiano, Gran Maestre de la Orden de los "Legionarios de Loreto", Cab Cte My D Salvador Roberto Martinez; presentó su libro "Aquellos Precursores". El acto se llevó a cabo en la sede del Instituto Nacional Sanmartiniano"







Desde que en 1523 San Ignacio de Loyola fundara la   Compañía de Jesús  esta se destacó desde sus inicios como una organización  preocupada por la  expansión del conocimiento  y las nuevas formas de entenderlo





lunes, 29 de abril de 2013

Carta de S.E. el Señor José Luis Rubén Maglione Prom 13 del Liceo Militar General Belgrano, vinculada a la Provincia de Formosa.

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Comandante Luis Jorge Fontana*

Excelentísimo señor, Caballero de S.S.el Papa en las Américas y 
Magister Equitium y Prepósito General de la 
Orden Militar de Caballería de San Ignacio de Loyola, 
Prof. Dr. (Ph.D) Cmte.Principal Don Carlos Gustavo Lavado Ruíz y Roqué Lascano

Me dirijo a V.E. en humilde actitud, sometiendo a su elevada consideración iniciativa que superior discernimiento pudiera develar hábil sufragio en debida manifestación de lo Creado. 


En la actual provincia argentina de Formosa, superficie que fuera bendecida con la atención de la Orden a través de los siglos, cabría erigir con la aprobación que procediere, para mayor abundamiento en cercanía a los pueblos de Fortín Soledad o Fortín Lugones –por ejemplo-, réplica del fortín o la gran guardia prevista en normas de la arquitectura militar argentina que rigieran para el Ejército de Línea o la entonces naciente Gendarmería Nacional, desde donde fundación benemérita promueva la difusión de pasajes históricos que den testimonio del fundamento moral del poblamiento; y el turismo de imágenes, de aventura, y cinegético limitado a presas en exceso; y a investigaciones que contribuyan al mantenimiento del equilibrio ecológico en vinculación con la comunidad científica internacional; sin omitir, sino más bien resaltar, la antigua y permanente presencia de las huestes católicas, mediante el levantamiento de construcción interna que se consagre al oficio sacerdotal. 

Vaya la inspiración de este voluntario servidor de la misión que lo convoca, como respetuosa y mínima contribución a la honra de su alta responsabilidad. 


En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, mes de Abril, del año del Señor de 2013. 



José Luis Rubén Maglione
Prom 13 LMGB


*El comandante Luis Jorge Fontana fundó así, el 8 de abril de 1879, la ciudad de Formosa, que hasta octubre de 1884 sería capital de entonces Territorio Nacional de Chaco y que actualmente es compartido por las provincias del Chaco y de Formosa. Nacida en un momento crucial de la construcción de la Argentina moderna, la futura provincia de Formosa tendría un desarrollo de características particulares como sociedad regional, condicionada siempre por los avatares históricos de la sociedad nacional.



La Soberana Orden Militar de Caballería Ligera del Papa de “San Ignacio de Loyola”, pide por los obispos secuestrados en Siria.






Nos encontramos frente una gravísima y dolorosa situación creada por el secuestro de dos Arzobispos Metropolitanos en la histórica ciudad de Alepo, hoy ciudad mártir. Uno de ellos es jerarca de la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa del Patriarcado de Antioquía, y el otro es jerarca de la Iglesia Siriana Ortodoxa del Patriarcado Siriano Ortodoxo de Antioquía

La noticia ha conmocionado al mundo. Se alzan voces en los cinco continentes para denunciar esa terrible violación a los derechos humanos y a los derechos más sensibles: derecho a la Fe y a la religión de las personas y derecho a la dignidad, derechos aún más simbólicos en este caso dado que los secuestrados son religiosos y miembros de la más alta jerarquía de sus Iglesias que retornaban a sus sedes eclesiásticas luego de una labor humanitaria, dada la injusta y aterradora situación a la que se halla sometida la población civil, nuestro prójimo. 

Hacemos nuestra la angustia de quienes sufren las pérdidas de sus derechos, de sus familiares y de sus seres queridos, y elevamos nuestras oraciones al Altísimo, a Dios Padre, Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, a su Divino hijo Jesucristo, y al Espíritu Santo de Dios, para que se ponga fin de inmediato esta situación de secuestro haciendo retornar con vida a los Arzobispos secuestrado y poniendo fin a esta lucha desgarradora que ha destruido ciudades históricas donde San Pablo predicó, y está hundiendo al honorable y sufriente pueblo de Siria en un injusto marasmo que afecta a las relaciones humanas hasta límites inimaginables.


Unidos en Cristo Jesús y en María Santísima, oremos  por el fructífero pontificado de S.S. el Papa Francisco,por Su Eminencia Reverendísima, Mons Mario Poli  Arzobispo de Buenos Aires, y por  el Padre General de la Compañía de Jesús  Adolfo Nicolás S.J.

viernes, 26 de abril de 2013

Misiones Jesuitas Guaraníes. República del Paraguay.






A partir de la llegada de la Compañía de Jesús a las tierras españolas del Nuevo Mundo en el siglo XVII, los pueblos misioneros jesuitas de la región del Paraná fueron los responsables de un logro único en la historia colonial americana. En su territorio se consolidó una alianza entre misioneros e indígenas que no solo produjo una experiencia de verdadero mestizaje, sino que logró lo que para la época era la consecución de la utopía máxima: el Paraíso en la Tierra. Los jesuitas lograron aglutinar a las poblaciones guaraníes prácticamente disueltas tras las guerras de conquista y la devastación demográfica causada por las enfermedades venidas de Europa, y lo hicieron bajo los preceptos de lo que entonces se concebía como lo bueno y lo justo a través de los cánones de la evangelización. Los pueblos guaraníes supieron aprovechar las intenciones de los misioneros y la puerta que ellos les ofrecían para formar parte del sistema colonial sin necesidad de enfrentarse con las coronas europeas ni abandonar su estilo de vida propio. El resultado fue la creación de numerosos núcleos de poblaciones en los que, a pesar de la rígida jerarquía teocéntrica, se desarrolló una sociedad inusualmente justa e igualitaria, como nunca antes ni después se vio en nuestro continente.


Ni los misioneros jesuitas ni los indígenas guaraníes atentaron contra la integridad cultural diversa que de pronto tenían en frente. Al contrario, la amalgama siguió un camino de relativa tolerancia. El idioma guaraní fue tan cultivado como el castellano, y al amparo de ambos florecieron pueblos muy destacados por su diversidad. En mucha mayor medida que sus pueblos vecinos, las misiones jesuíticas llegaron a ser los principales centros de actividad artística y educativa a todo nivel. Fueron las reducciones jesuitas las que produjeron la mejor arquitectura, escultura, pintura y música de la época en el cono sur. Sus templos incluyeron observatorios astronómicos, escuelas, auditorios e incluso la primera imprenta que existió en el Río de la Plata, la cual fue de fabricación local. La tolerancia y actitud inclusiva mostrada tanto por los misioneros europeos como por indígenas locales creó una base social "democratizada" y sentó las bases de lo que en el futuro se consolidaría como el origen social del Paraguay. Si bien solo 7 de los 30 pueblos misioneros se encuentran en el actual territorio paraguayo, fue éste país el único que incluyó ese legado como parte estructural de la identidad nacional, como parte de su constitución misma como nación, como conjunto de pueblos y realidades, como sociedad unificada bajo ciertas ideas y ciertas leyes.


La historia de las reducciones jesuíticas terminó siendo trágica con el curso de la historia. Su condena fue, en parte, su propio éxito. Los pueblos jesuitas llegaron a ser los económicamente más competentes y competitivos de la región, contribuyendo al gran enriquecimiento de la Compañía de Jesús en América. Y a su fortalecimiento político, también. Atrapados entre los intereses de las coronas española y portuguesa, las reducciones empezaron a sufrir estragos hacia mediados del siglo VIII, cuando España cedió a Portugal numerosos territorios al oriente del Paraná a cambio del control de la fundación portuguesa de Colonia del Sacramento, competencia directa de Montevideo para el control de la desembocadura del Río de la Plata. La decisión, que nunca llegó a efectuarse en la práctica, causó violentos enfrentamientos armados entre portugueses y los pobladores de las misiones jesuitas de los territorios en conflicto. Gran parte de las misiones se despoblaron o perdieron peso organizativo. Poco después, con la expulsión de la Compañía de Jesús de los territorios gobernados por la corona española, el gobierno ibérico encargó la custodia de las misiones a otras congregaciones religiosas y creó un gobierno especial para aglomerar a los 30 pueblos, el cual existió hasta su adhesión a la Primera Junta de Buenos Aires en 1810. A pesar de ello, el esplendor de los pueblos misioneros decayó hasta la insignificancia.


Las misiones se desvanecieron con el tiempo hasta convertirse en lo que son ahora: ruinas. Sin embargo, su legado como crisol de la identidad nacional no se perdió. Fue el Paraguay, mucho más que la Argentina o el Brasil, el encargado de rescatar ese fundamento en el corazón de su conciencia histórica. Cuando la formación de las juntas de gobierno americanas en respuesta a la invasión napoleónica de la península ibérica, Asunción rápidamente dejó en claro su oposición a las políticas de Buenos Aires. Y las tierras que reconocía como suyas incluían gran parte de las antiguas reducciones jesuitas. Belgrano condujo un ejército que, para los argentinos, era un brazo libertario que extendían para el beneficio de sus hermanos en el interior. Los paraguayos, por su parte, se refieren a esa fallida misión militar argentina como el primer intento de invasión extranjera y los primeros triunfos militares nacionales. Luego de ello, gracias a su lejanía y natural exclusión geográfica, Asunción logró mantenerse alejada de los muchos conflictos en los que la nacientes naciones vecinas se vieron sumidas por décadas. Al poco tiempo, Paraguay se reconocía ya como una nación independiente, y tras algunos años de negociaciones, políticas conflictivas y revueltas fallidas, el control del país cayó sobre las manos de uno de los íconos de la historia nacional: Don Gaspar Rodríguez de Francia.


El "Dr. Francia", como lo llaman hoy en día los paraguayos, concentró el poder al punto de lograr se declarado dictador perpetuo en 1816. Desde entonces hasta su muerte en 1840, Rodríguez de Francia cerró el país al mundo y desarrolló una política aislacionista basada en un modelo económico autárquico muy rígidamente supervisado por el Estado (las únicas poblaciones con cierta apertura comercial fueron las antiguas reducciones jesuitas cercanas a la frontera, como la actual ciudad de Encarnación). Paraguay, así, se libró de los años de contiendas militares libertarias y vivió un proceso de desarrollo que no tuvo similar en toda América. La autarquía económica impulsó el desarrollo de diversas industrias que no existían hasta entonces e hizo del Paraguay una nación verdaderamente autónoma. Después del Dr. Francia, el país empezó a abrir sus fronteras y, bajo el mando de Carlos Antonio López (sobrino del dictador), empezó a mostrar al mundo los logros de la nación aislada. Para 1860, Paraguay había logrado ser lo que todo el resto de sus hermanos sudamericanos había pretendido ser, sin lograrlo: era una nación fuerte, unificada, económicamente autosuficiente y sin deudas. Se había convertido en el segundo productor mundial de algodón (después de Inglaterra) y tenía desarrollos únicos como el primer ferrocarril sudamericano o la primera planta de fundición de hierro del continente. Era, además, una nación culturalmente original, diferente, peculiar y notable en relación a sus vecinos.


Lo que vino después es quizá ya parte de otra historia. Paraguay empezó a mezclarse en las políticas internacionales. Presiones internas y externas (que venían no solamente de sus vecinos, sino también de la corona británica) lo llevarona involucrarse en los conflictos regionales. El presidente Francisco Solano López (hijo de Carlos Antonio López), involucró al país en los conflictos internos uruguayos (en guerra civil, con la participación del Brasil en uno de los lados en contienda) y prácticamente obligó a la Argentina a aliarse con el Brasil en su contra. La guerra fue impopular en Argentina e incluso causó fuertes levantamientos, pero no impidió que tropas de ese país se uniesen a las brasileñas/uruguayas en una guerra que causó la total destrucción de la nación floreciente. El más beneficiado fue el Brasil, que terminó por aplastar e humillar al Paraguay en una guerra que, según he podido averiguar en Internet, causó la muerte de más de la mitad de la población paraguaya de la época. Fue un aniquilamiento total. Después de ello, Paraguay lo había perdido todo, y nunca volvió a recuperar su edad de oro.


Las que en algún día fueron las poderosas misiones jesuíticas también terminaron por desaparecer en esos días. La mayoría terminaron por pertenecer a lo que hoy en día es la provincia argentina de Misiones. Otras son ahora parte del estado brasileño de Rio Grande do Sul. De otras simplemente quedaron los nombres. Junto a las ruinas que actualmente pueden visitarse se levantan pueblos modestos que seguramente no hacen honor al esplendor del pasado. Basta pasearse un poco por los remanentes monumentales de templos, plazas y habitaciones para percibir la grandeza que alcanzaron esos experimentos misioneros. Lo más importante, sin embargo, fue el resultado que esas poblaciones tuvieron con respecto a la configuración de una sociedad cuyos rasgos aún son perceptibles en nuestros días. En cierta forma, fueron las misiones jesuitas las que conformaron parte del espíritu cultural autónomo del Paraguay moderno, y, sin duda, también fueron ellas parcialmente responsables por la creación de la única nación verdaderamente bilingüe de Sudamérica. Y por bilingüe, hay que decirlo, se entiende una complementación que va mucho más allá del conocimiento de dos idiomas tan diferentes entre sí como el castellano y el guaraní.

Todas las fotos de las ruinas jesuíticas corresponden a las dos únicas ruinas que han sido declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en territorio paraguayo: Santísima Trinidad del Paraná y Jesús de Tavaringüe. Son las dos más importantes de la región, pero existen otras dignas de verse tanto dentro como fuera del Paraguay, así como otras también patrimonializadas tanto en Brasil como en Argentina. La foto del edificio blanco corresponde al llamado "Palacio de los López"

Unidos en Cristo Jesús y en María Santísima, oremos por el fructífero pontificado de S.S. el Papa Francisco, por Su Eminencia Reverendísima, Mons Mario Poli Arzobispo de Buenos Aires, y por el Padre General de la Compañía de Jesús Adolfo Nicolás S.J.
 Carlos Gustavo



miércoles, 24 de abril de 2013

23 de Abril 2013 "San Jorge" Día de la Caballería en el Liceo Militar General Belgrano.



Espíritu Constancia y Firmeza 
Con la Justicia por delante. 
General Don Manuel Belgrano






Unidos en Cristo Jesús y en María Santísima, oremos por el fructífero pontificado de S.S. el Papa Francisco, por Su Eminencia Reverendísima, Mons Mario Poli Arzobispo de Buenos Aires, y por el Padre General de la Compañía de Jesús Adolfo Nicolás S.J.

Cte Pr D Carlos Gustavo Lavado Roqué
Prom XVI LMGB



Oración por la Patria. Priorato General de la República Argentina.






Unidos en Cristo Jesús y en María Santísima, oremos por el fructífero pontificado de S.S. el Papa Francisco, por Su Eminencia Reverendísima, Mons Mario Poli Arzobispo de Buenos Aires, y por el Padre General de la Compañía de Jesús Adolfo Nicolás S.J.

lunes, 22 de abril de 2013

HOY ES EL DÍA NACIONAL DEL MATE, EL TE DE LOS JESUITAS (Historia de la yerba mate).






EL TE DE LOS JESUITAS (Historia de la yerba mate) 

Ulrico Schmiedl de Straubing, fue un soldado mercenario de la infantería alemana (lansquenete) que junto a flamencos y sajones armados como arcabuceros, acompañó a don Pedro de Mendoza en su expedición al Río de la Plata en 1535, pero fue también el primer cronista que relató los avatares de los conquistadores en aquellas latitudes.

En 1536 formó parte de la expedición de Juan de Ayolas, sucesor de Mendoza, y de Domingo Martínez de Irala, para explorar parte del territorio paraguayo remontando el río Paraná y Paraguay en busca de las riquezas del Perú.

Ulrico Schmiedl describe en su libro Viaje al Río de La Plata, los pormenores de esta odisea, el carácter y aspecto de los indios carios o guaraníes, su comportamiento, sus costumbres y detalla además, los productos con los cuales se alimentaban. Cita en su texto que consistían en trigo turco (maíz), miel, batatas, mandioca, habas, pescado, “unas ovejas muy grandes como mulas de esta tierra (Alemania); más tienen chanchos del monte, avestruces y otras salvajinas, más gallinas y gansos en gran abundancia”.

Otra costumbre de los carios, era comerse de vez en cuando, algún enemigo que tomaban prisionero al cual cebaban como a un pato y luego lo cocinaban con batatas y otros agregados.

Del algarrobo obtenían harina, que moliendo el fruto de este árbol y mezclada con agua, hacían un empaste al que luego de darle forma, dejaban secar por la noche a la intemperie. Con la misma harina de algarrobo desleída en agua o leche, producían una bebida fermentada y refrescante que llamaban, Añapa. Pero extrañamente lo que no menciona a lo largo de todo su relato Ulrico Schmiedl, es acerca de la yerba mate.



Algunos historiadores lo mencionan a Irala como descubridor de esta bebida entre los indígenas en 1537 pero en 1544, Hernando Arias de Saavedra, Hernandarias, primer criollo que ejerció un cargo público en América como gobernador de Asunción, observó que los indios llevaban un pequeño saco de cuero alrededor de su cuello llamado guayaca, que contenía hojas de yerba mate triturada a la que llamaban ka’a.

En las guayacas los indígenas solían llevar además, plumas de caburé y otros amuletos recomendados por el Paye, personaje altamente respetado por los indígenas, especie de brujo y médico de la tribu. Estas hojas las mascaban o la tomaban en forma de infusión que preparaban en una pequeña calabaza llamada matí - que da origen a la expresión, mate - y la bebían con una bombilla hecha con un canuto de tacuara.

El efecto de la yerba mate es básicamente estimulante cuya droga base es un alcaloide similar a la cafeína, llamado mateina, que reduce notablemente la fatiga.

LLEGAN LOS JESUITAS


En 1565 la Compañía de Jesús, institución religiosa creada por el Guipuzcuano Ignacio de Loyola, en su proceso de evangelización, establece en América las primeras reducciones indígenas, cuya máxima expresión deja huellas en las regiones del Tapé y el Guayrá en los actuales territorios del sur de Brasil y Paraguay y las provincias de Misiones y Corrientes, en Argentina. En 1609, fecha oficial del primer asentamiento jesuita en el norte de Iguazú, se pone en práctica un sistema de organización social y política denominada, reducciones, de características muy similares al que en la actualidad tienen los kibutz en Israel.

Los jesuitas se familiarizaron con las particularidades de la yerba mate y si bien en un principio la prohibieron bajo pena de excomunión por considerarla un vicio, prefirieron que los indios siguieran haciendo uso de ella en reemplazo de las bebidas alcohólicas a las cuales eran afectos.

En las primeras décadas del siglo XVII, perfeccionaron la técnica de cultivo a punto tal, que fue el primer producto exportable al resto de las provincias coloniales, obteniendo importantes beneficios económicos.

España, para competir con el té que comercializaban los ingleses, puso a la venta la yerba mate picada para hacer una infusión que se popularizó en Europa como el Té de los jesuitas.


Solo ellos conocían el secreto de la obtención de las semillas y sus características de cultivo que les permitió desarrollar plantaciones de yerba mate de alta calidad. 

Pero los intereses de los terratenientes portugueses y españoles que veían en la incipiente república jesuítica, un peligro para sus encomiendas y considerando que la Compañía de Jesús solo acataba las directivas del Papa, determinaron su expulsión de América en 1767 por orden de Carlos III de España.

A partir de este hecho, se pierde la tradición del cultivo sistemático y racional de la yerba mate con el consiguiente abandono de los yerbatales, que solo crecerán aleatoriamente en distintas zonas del Paraguay, algunas áreas en la provincia de Misiones y sur de Brasil. 

 LOS INVESTIGADORES

Entre los años 1779 y 1804, el cirujano de la marina francesa Aime Bompland, participa de la expedición que organiza el eminente naturalista alemán Alexander von Humbold, quien a la sazón, había solicitado permiso para recorrer el continente americano todavía en manos de la corona española. Juntos, hacen un relevamiento de más de 60.000 especies vegetales y registran además, aves e insectos de Sudamérica, México, Cuba y Estados Unidos. 

 En 1810 el general argentino Manuel Belgrano en su expedición al Paraguay, dicta un bando prohibiendo la tala de árboles de yerba mate bajo pena de severas multas y sirve este dato, como punto de referencia para tener en cuenta de la importancia que había adquirido esta bebida arraigada en la sociedad argentina a punto tal, de convertirse además, en el alimento principal de los ejércitos patriotas.

Bompland regresa a América en 1816 para explorar el Paraná tomando muestras de yerba mate e instalando en 1821, una pequeña colonia agrícola en Santa Ana, en lo que sería el actual territorio de Misiones en Argentina. Como complemento a sus investigaciones, solicita permiso al gobierno paraguayo para recorrer los yerbatales, pero acontece un hecho curioso y dramático a la vez: Bompland es apresado por el auto proclamado dictador perpetuo Rodríguez de Francia ante el temor de que las investigaciones del naturalista, pusieran en peligro el monopolio que ejercía el Paraguay sobre la yerba mate y a pesar de interceder Simón Bolívar para su liberación, esto no ocurre hasta pasado nada menos que diez años y fue a instancias de su amigo Alexander von Humbold y del gobierno francés. 

Para 1881, cinco familias alemanas forman en San Bernardino, la primera colonia duradera en el Paraguay y le siguen otras como la cuestionada Nueva Germania. Su fundador, Bernhard Förster, profesor en la universidad de Berlín es conocido por sus ideas racistas, precursor en cierta manera, de la ideología nacionalsocialista. Su esposa fue Elizabeth Nietzsche, hermana del célebre filósofo alemán de quien Adolfo Hitler fue admirador junto con Ricardo Wagner. En 1896 uno de los integrantes en esta colonia alemana fundada por el matrimonio Förster, fue el investigador Federico Neumann que logró un nuevo método para cultivar yerba mate basado en las técnicas empleadas por los indios guaraníes y jesuitas que se habían perdido desde su expulsión del continente americano.

El problema al que se habían enfrentado los que intentaron cultivar la yerba mate, era a la carencia de semillas frescas que había que trasladar desde lugares distantes a las nuevas zonas de cultivo. Por sus características, la planta de yerba mate que solo crece en un ambiente selvático, no podía ser transplantada a otras zonas, aun con condiciones climatológicas similares. Tratándose de una planta tropical y subtropical, requiere un ambiente húmedo, de elevadas temperaturas y abundante agua, condiciones dadas en el noreste argentino, sur de Brasil y Paraguay. Por sus características morfológicas el árbol de la yerba mate tiene alguna similitud al laurel y su altura, por razones prácticas para su cosecha, oscila entre 4 y 6 metros. Su tronco corto, color gris blancuzco se ramifica a la altura del suelo y sus hojas en plena madurez son gruesas, duras y brillantes de un color verde intenso. 

A partir de las investigaciones de Federico Neumann, comienza el cultivo racional de la yerba mate y hacia 1911 se produce la verdadera expansión de los yerbatales en la Argentina dictándose en 1935, normas de regulación para su cultivo, adecuándolas a la demanda. Actualmente el consumo de yerba mate está fuertemente arraigado en la república Oriental del Uruguay, Paraguay, Argentina y en la localidad de Santa Catarina en el sur de Brasil, lindera con los tres países mencionados.

 CONSECUENCIA

En esta historia no puede estar ausente la figura del gaucho, que no es otra cosa que el indio abandonado a su suerte con la retirada de los jesuitas, buscando su destino en los campos sureños donde tiene que convivir con criollos perseguidos por la justicia y españoles desertores de las fuerzas realistas. En esa libertad, sin la tutela a la que estaba habituado deberá pasar de la mansedumbre a la bravura, tratando de encontrar un lugar en su nuevo hábitat y lleva consigo, la tradición del mate que lo acompañará en la soledad del desierto verde. 

 EL MATE EN LA ÉPOCA COLONIAL

José Antonio Wilde describe en su libro “Buenos Aires desde setenta años atrás” la sociedad imperante desde 1810 a 1830. “ Era costumbre muy generalizada, y especialmente entre las familias más notables y acomodadas, dar tertulias, por lo menos una vez por semana; a las que, con mayor facilidad podía concurrir toda persona decente, por medio de una simple presentación de la dueña de casa, por uno de sus tertulianos. Se bailaba, generalmente hasta las doce de la noche, o algo más, principiando temprano; en tal caso, solo se servía mate; cuando duraba el baile hasta el día, se agregaba chocolate.” 

El mate en sus dos maneras de servirlo, sea con bombilla o como infusión en el caso del mate cocido, era la bebida popular que abarcaba a todas las capas sociales. La clase media desayunaba mate cocido con leche y si se trataba de varias personas, se utilizaba el mate con bombilla siempre acompañado de pan, galleta o algún dulce. A media mañana el mate formaba parte del protocolo social que reunía a las señoras para el cotilleo diario y los comerciantes que atendían sus negocios, también alternaban su actividad tomando unos mates. Lo mismo ocurría con la merienda que se tomaba después de las cinco de la tarde. 

La mayoría de estas familias tenían a su servicio esclavos negros – cuya historia merece un capítulo aparte - y casi siempre había una muchacha que se especializaba en prepararlo; era la cebadora de mate. Generalmente tanto la yerba como el azúcar, se guardan en dos recipientes con tapa, unidos entre sí, llamado yerbera y que en aquella época tenía el agregado de dos cucharas de plata y en ocasiones, una especie de pañuelo de hilo para limpiar la bombilla antes de cebar. Mucha gente rechaza el ofrecimiento de beberlo porque encuentran antihigiénico pasar de boca en boca, la misma bombilla.

BREVE CURSO PARA CEBAR MATE


Cebar significa entregarse con eficacia y conocimiento a una cosa y el mate requiere un cuidado especial para servirlo dependiendo si trata de un mate amargo o cimarrón o mate dulce. Sin querer entrar en demasiados detalles porque cada cebador tiene su técnica y no es el propósito de esta nota, el protocolo comienza poniendo al fuego una pava (caldero) con agua para llevarla a la temperatura ideal que ha de ser poco antes de comenzar a hervir. Luego se llena con yerba mate picada, una calabaza, jarrita de metal enlozado o de madera torneada también llamada mate, hasta las tres cuartas partes y tapando la boca del mate con la palma de la mano se lo gira 180° para agitarlo enérgicamente y volverlo lentamente a la posición original. De esta manera, se logra llevar a la superficie la yerba más fina para que no se tape la bombilla.

 Hasta muy avanzado el siglo XIX, la bombilla era un tubo de tacuara que fue reemplazado y perfeccionado a medida que se la fabricó de metal, agregándole en el extremo inferior un filtro fijo o desmontable, para evitar que se tape con la misma yerba. En la parte superior, la bombilla está aplastada para poder dosificar durante la succión, la cantidad de líquido caliente. La yerba debe ser acomodada con una inclinación de 45 grados dentro del mate y en la parte más profunda, se echa un poco de agua cuando está a mitad de camino de la temperatura ideal. 

En ese momento la yerba comienza a hincharse y pasado unos minutos, se introduce la bombilla en forma inclinada en el mate. El último paso es agregar lentamente el agua caliente cerca de la bombilla formando espuma que es la señal de una buena cebadura. 

Existen una serie de reglas consuetudinarias muy largas de enumerar, para los que se inician en esta ceremonia de matear entre varias personas, pero como adelanto, sirva saber que cuando se ceba mate, siempre habrá que hacerlo en el sentido del movimiento de las agujas del reloj y solamente se dirá “gracias”, cuando no se quiere continuar bebiendo. 

Es frecuente escuchar la expresión “yerba rendidora” referida a las veces que se logra servir una cebadura manteniendo su sabor y presentación porque un mate agotado, es un mate lavado en cual ya no hay espuma, y la yerba flota en la superficie del mate. 

La calidad del agua y su temperatura juegan un papel importantísimo al cebar un mate. Como queda dicho, el agua no debe hervir ya que en la jerga matera, significa quemar la yerba. En realidad, el agua una vez entrado en ebullición, extrae violentamente todas las propiedades de la yerba mate y lo “lava”. De nada sirve agregarle agua fría a la ya hervida ni dejarla enfriar. En ese caso, se deberá comenzar de nuevo. 

 El agua a la temperatura ideal estimada en 85 grados, permite extraer lentamente a la yerba mate, sus cualidades químicas con cada cebadura.

EL MATE COCIDO 

Aquel Té de los Jesuitas, del siglo XVII, hoy se ha convertido en el mate cocido, la infusión más popular que por el bajo costo de la yerba mate comparado con el té y el café, ha sido desde principios del siglo XX, el alimento básico en cuarteles, colegios, prisiones y hospitales, además de ser el único sustento en las clases más indigentes de la sociedad argentina. 

La biblioteca del Congreso Nacional tiene sus puertas abiertas durante las 24 horas, los siete días de la semana y por la noche es concurrida por estudiantes, profesionales, investigadores y simples lectores que prefieren la quietud en esas horas porque ayudan a la concentración. Pero desde hace ya varios años, una nuevo “perfil de usuario” a comenzado a frecuentar la sala de esta biblioteca; son los indigentes, los que no han comido en todo el día y esperan ansiosamente que a las dos mañana, llegue el mate cocido y un pedazo de budín que la institución ofrece sin cargo a todos los concurrentes. Ese refrigerio es el único alimento que han de tomar tras una jornada de ayuno.

También el Té de los Jesuitas estuvo presente en la inútil y absurda guerra de Malvinas, a través del testimonio de un ex combatiente: 

 “Salía del pozo, entumecido y muerto de frío. Volvía al viento, a la llovizna o a la neblina. Algunas veces salía el sol. Íbamos a las letrinas y después al sector del rancho para tomar mate cocido. Recuerdo el olor del mate cocido caliente, humeando en los jarros. En los días que todavía llegaba comida, recibíamos el mate cocido, a veces con leche y lo acompañábamos con galletitas. En las Malvinas, el pan era un lujo. 

 Y nuevamente aparece el mate cocido en circunstancias dramáticas como si ese fuera su único destino. “Los castigos no terminaban nunca, todo estaba organizado científicamente, desde los castigos hasta las comidas. A la mañana traían mate cocido sin azúcar. De vez en cuando, un trocito de pan duro, que nos tiraban por la cabeza y a tientas nos desesperábamos buscándolo” ,

FINAL CON LETRA DE TANGO


El mate es el compañero que más se aproxima al alma y a la reflexión en la soledad del hombre; es un buen anfitrión en las tertulias y un bálsamo para el cuerpo y el espíritu de pobres y desposeídos. Fue la bebida emblemática del gaucho que ante una vida cargada de injusticias y amarguras, emigró a la ciudad llevando en su bagaje las penas y sinsabores que el poeta Enrique Santos Discépolo supo sintetizar en los versos de su tango, Yira, Yira: Cuando estés bien en la via, sin rumbo, desesperao... Cuando no tengas ni fe, ni yerba de ayer secándose al sol...